Imagine emular a Efraín El Zipa Forero cuando, tratando de conseguir patrocinio para la primera Vuelta a Colombia, en 1951, subió los 81 kilómetros del Alto de Letras, el premio de montaña más largo del mundo, convirtiéndose en el primero en coronar esta subida. Y que cuando pasa de los 450 metros sobre el nivel del mar hasta los 3.646, descubre varios ecosistemas mientras la carretera, de a poco, se oculta entre la cordillera por la bruma.
Ahora proyéctese en la meta, junto al letrero que confirma el logro contra todo pronóstico, en la cima del páramo, respirando aire puro, tomándose un agua panela con queso o un bocadillo para recobrar energías. Y, aunque las piernas no den más, tomar el último impulso para bajar y llegar a Manizales, descansar de la jornada y en la noche salir a cenar, dar una vuelta por la Plaza Bolívar, entrar a la Catedral de Nuestra Señora del Rosario, tomarse un buen café y, si las fuerzas lo dan, ir a escuchar tango.